domingo, 23 de febrero de 2014

CUALTOS: Una Gran Obra Maestra!

Y ahí, al converger en Rectoría con otros corredores, los trazos minimalistas de circunferencias y columnatas, aquellas dejan entrever el cielo, y estas descargan su enorme peso en el suelo, como un simbolismo más de la región alteña: los ojos fijos en el cielo y los pies bien puestos en la tierra.



La estratégica sucesión de aulas sembradas en las curvas de nivel de esos contornos, forman el claustro luminoso que se abre al saber, y desde un ángulo inusitado lateral del Auditorio, la fachada norte del recinto ondula con la perspectiva visual de un pabellón que  despliega al viento sus colores, en un prodigio más de la fantasía del constructor. Una fuerte columna angular es el asta bandera enarbolando  los pliegues que el viento inexistente logra ondear, creando una ilusión de óptica en perspectiva de blanco y azul.

No, definitivamente no es un Campus convencional: los círculos predominan ahí donde las líneas rectas deberían imponer su dominio, pero los enormes vanos rectilíneos se combinan para formar un claustro virtual de luz y sombra sobre el piso, en arcadas de medio punto ahí donde no existe ningún arco. La textura agreste de los nopales, lejos de contrastar violentamente, se hermana con la tersura de los azulejos, y la esbeltez de los cipreses italianos que cierran la perspectiva, se eleva hierática sobre el verdinegro  boscaje de los robles, único remanente del Gran Robledal que en 1530 contemplaron nuestros ancestros.
Si se tuviera que resumir en cinco renglones cuanto aquí se lleva dicho, el Campus Tepatitlán de la U de G sería una joya dejada caer al desgaire sobre la alfombra del paisaje, para ser contemplada con los ojos del espíritu asomados a las pupilas, o como una gran obra maestra digna de contemplarse, como única que es en la América Hispana. Descrita puede ser; viéndola se puede creer…

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